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Heliófonos
La escucha del sol

Diego Liedo

 

Atestiguar la continuidad del cosmos, es una forma de rito dotado de ancestralidad, que afirma nuestra pertenencia y ligadura anímica a un orden superior -sublime- de la existencia. La música y las artes sonoras, en sus diversas tradiciones y manifestaciones, son un constructo psíquico e intelectual, que a través de la subjetividad humana, han buscado recrear, replantear o actualizar nuestra relación con el universo conocido -o la realidad- mediante estructuras de interpretación basadas en el estudio del sonido como fenómeno acústico, y los modos de concebir y significar la experiencia de la escucha. Los arqueólogos de la ciencia y de la tecnología, han rastreado el acto humano de verificar e interpretar el movimiento de los cuerpos celestes desde la antigüedad. Los artefactos, herramientas, recursos y saberes que han acompañado a la humanidad en su aventura cósmica, tienen una relación histórica con el contexto cultural en el que están situados.

Heliófonos, es una serie de instrumentos sonoros que Diego Liedo construye a partir de la premisa de interpretar al Sol. En su proceso constructivo, pone en relación un vasto abanico de intereses y estudios -astronomía, física, mecánica, electricidad, electrónica, programación-, con materiales de la naturaleza, a través de técnicas y oficios como laudería, carpintería y herrería. Diego consigue alinear su interés por los lenguajes y metodologías científicas, el empleo y desarrollo de tecnologías, con la exploración de la armonía musical y las artes sonoras experimentales.

En su espacio de trabajo, dignifica tecnologías de todos los tiempos, ensambladas con el cuidado de un laudero. Conocer las virtudes mecánicas, acústicas o estéticas de un trozo de madera recuperada, tiene el gozo y relevancia equiparables a incorporar en lenguaje de programación, datos que proceden de fenómenos solares -llamaradas, polvo solar, radiación-, dirigidas hacia una escucha del Sol.

 

Diapasones, Solares y Geocentro, son los tres instrumentos -percutivo, de viento y electrónico respectivamente- que convocan en este espacio, desde una dimensión aural, al Sol. En el primero, Diego Liedo emplea diapasones fabricados en la nota sol, que están siendo afinados microtonalmente con energía solar por medio de un proceso de electropulido, desde el equinoccio de primavera de 2024 a lo largo de un año, interviniendo el transcurrir de los meses y los periodos estacionales. Solares, es un órgano que interpreta en acordes de sol, parámetros que las agencias aeroespaciales miden del astro solar. Y Geocentro, es un instrumento sensible a las variaciones de la luz del Sol en el espacio, reclamando la atención plena de quien escucha, en su posición con respecto al Sol en el presente.

 

Sumergido en el silencio aparente de su espacio de investigación, Diego Liedo nos convoca a escuchar. Como los viejos lobos de mar, o los antiguos navegantes, al retomar el Sol como guía máxima de referencia, -o una suerte de metrónomo-, invita simbólicamente a contemplar dicha existencia radiante, sus ritmos, evolución, incidencia o repercusión. En la experiencia de la escucha, se aviva en la conciencia, la materia ardiente del Sol.

 

Marcela Armas

Residual

Diego Liedo

Residual surge del encuentro entre lo que se descarta y lo que insiste en permanecer. Las piezas que conforman esta exposición nacen de materiales que alguna vez tuvieron otra función: madera proveniente de podas urbanas, tubos rotos de calentadores solares, motores extraídos de impresoras descompuestas. Cada fragmento conserva una memoria material que, al ser reactivada, genera nuevas formas de resonancia, luz y movimiento.


Lejos de la lógica de la obsolescencia, Residual propone una escucha hacia lo que todavía vibra. Todo en este conjunto parece decir que la materia no se extingue, sino que se desplaza: cambia de frecuencia, de cuerpo, de función.
El residuo deja de ser un resto pasivo para convertirse en un agente poético. En su transformación se abre un espacio intermedio entre lo orgánico y lo mecánico, entre lo natural y lo fabricado. La exposición invita a contemplar ese tránsito: a percibir cómo lo aparentemente inerte guarda en sí la posibilidad de una nueva vibración.


Residual es, al final, una reflexión sobre la continuidad de la energía en la materia. Sobre la persistencia del sonido, la luz y el movimiento como ecos de un ciclo más amplio donde nada se pierde, solo se transforma.

 

Diego Liedo
 

Ríos de arena

Esperanza Zavala

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Mi vida en el campo, en la región de Mexquitic, me ha permitido contactar más con la naturaleza, reconocer nuestro estrecho vínculo con ella. Personalmente establezco con el entorno natural una relación de respeto, admiración, pero también de infinito aprecio. Observar sus reacciones ante nuestras acciones, sobre todo en torno a los cambios que se están presentando debido a la crisis climática, el agotamiento de algunos recursos valiosos, principalmente el agua, ver embalses o presas de aguas perennes o de temporal contaminarse, es triste, ya que éstos podrían ayudar en las próximas agudas sequías. En medio de noches y días de infinita belleza también observo como la flora y la fauna sufre, esto me conmueve, me conmociona. Vivirlo cada día de manera muy cercana hace eco en mi pensamiento y es imposible no tomar conciencia hacia mi entorno.

 

Ríos de arena es una pequeña muestra que toma su nombre de un grabado en donde un ser mítico, que es planta y agua al mismo tiempo, tiene un encuentro con los ríos que ya no están, ahora son de arena. Es también este ser el que que me lleva a crear pequeños rituales para concientizar, pero también para reconectar y restablecer nuestra relación con el entorno, trabajando con materiales de mi contexto para hacer peticiones por el agua, volver al origen y recordarme que es vital establecer nuevos vínculos con el agua, mi compañera.


 

Esperanza Zavala Fabián




 

Selma Guisande, curaduría

Cúmulos y paisajes

Ana Gómez

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Si mi cuerpo es una forma, y la tierra el espacio que la contiene. ¿Puedo concebirme a mí misma como parte del paisaje, de esa tierra que conforma el suelo en que habito? ¿Es real que estamos hablando de dos entidades o materialidades distintas? ¿Somos ella y yo la misma? ¿Puede la identidad traducirse en forma, cuerpo, mapa o territorio? ¿Puede el territorio ser entendido como un cuerpo o viceversa?

 

La presente exposición surge de estas reflexiones en las que exploro, desde la cerámica expandida y la combinación de materiales, activaciones poéticas. En una de las acciones de “Cuerpo territorio”, trazo un dibujo de mi cuerpo con tiras de barro –haciendo referencia a los métodos de construcción manual empleados en cerámica– de tal manera que al conformar mi silueta me construyo vasija. Mientras que, en la serie “Devolver la tierra a la montaña”, recupero azulejos de descarte para intervenirlos con diversos barros locales e industriales, pequeños gestos en los que simbólicamente el polvo y la arena regresan a su lugar de origen, la montaña.

 

A partir de estas y otras acciones cerámico-gráficas y del intercambio de formas efímeras en papel, moldes de yeso y espejos, se crean “remanentes-esculturas”, acumulaciones de memorias que de manera intermitente habitan la materia, el paisaje, el cuerpo y el contexto, reclamando el reconocimiento de saberes ancestrales, como el de la alfarería, en donde lo místico, lo mítico y el lodo, la relación entre el cuerpo y el entorno, se entiende como un todo.

 

Ana Gómez

 

 

 

Selma Guisande, curaduría

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