“The Brutalist” y el efecto de la biblioteca.
- Josue Reynoso Franco
- 31 jul 2025
- 4 Min. de lectura
3h20 minutos no es el tiempo habitual que solemos dedicar a una película, y mucho menos de corrido. Siendo papas de 2 pequeños, nos hemos acostumbrado a ver películas en “sentadas”… Para nosotros, toma al menos 2 noches disfrutar de una película, sin embargo, este film protagonizado por Adrien Brody, nos mantuvo en vela disfrutándolo (y temiéndolo) de principio a fin.
Mi esposa y yo somos aficionados y románticos del diseño. No nos es ajeno ver a Brody en sus filmes de Wes Anderson, director que se distingue por la fotografía de sus películas, y sus increíbles escenografías que rinden tributo al diseño y mobiliario. (Y él mismo ha probado sus dotes de diseñador en lugar como el Bar Luce de la fundación Prada en Milan). En The Brutalist, Brody hace un papel ficticio de un arquitecto Hungaro, cuyo mensaje (constante durante la película) es que sus creaciones reflejen su presente en el futuro. En pláticas con Harrison (intrigantemente intelectuales), y en el tributo que rinde al final de la película su sobrina, se hace mención de que lo que busca Laszlo Toth: “The presence of the past”.
Y esto justo, para quienes se han sentado con nosotros a platicar de muebles y arte, es justo lo que invitamos siempre a nuestros amigos y clientes a reflexionar. Volveré a este punto unas líneas más abajo.
Lo que vemos en The Brutalist, con todos los excesos que se permite la película, es un reflejo que podemos ver qué sucede con clientes que se enfrentan a remodelaciones.
1. Llega el hijo a pedir una remodelación. Sin saber que quiere, ni cuanto quiere o debe pagar
2. El espacio, la biblioteca de la residencia Van Buren, es un lugar que ha sido ocupado por Harrison, y le ha dado años de uso, pero del cual él ya olvido (o se despreocupo) por su aspecto. Cortinas de terciopelo cubren las ventanas para prevenir el paso de luz de sol para no afectar los libros. Los libros se apilan unos sobre otros. Se ha vuelto “la cueva” de Harrison
3. Laszlo y Attila, pero sobre todo Laszlo, pone su corazón en el proyecto. Busca lo trascendente. Entiende primero el espacio (the sun comes from the south), protege el tesoro del espacio (all are first editions) y busca entregar el espacio óptimo para el goce de la actividad que ahí transcurre (un diván estilo Courbusier en el punto exacto de la luz para reclinarse al goce de la lectura)
4. El espacio, como lo presenta el director de la película, termina siendo un punto “central” de la residencia Van Buren. Sin embargo, al llegar Harrison a su casa, lo desprecia. El cambio, para la mayoría, es algo que nos atemoriza. No ve él el resultado, ni tampoco se espera a su fin (algo que frecuentemente nos sucede, los clientes quieren ingresar a espacios sin terminar, con la promesa de terminarlos ellos mismos, que rara vez sucede y los fuerza a habitar espacios inconclusos.
5. A su tiempo, producto de lo que otros han reconocido en el espacio, y de la propia vanidad de Harrison, este logra entender el espacio, y atesorarlo. El cambio, fue para bien. Tiene que reconocer a Laszlo, y hasta entonces, no antes, averigua la trayectoria del arquitecto húngaro.
¿A que va todo esto que estamos analizando?
Sobre todo, es una invitación al lector a analizar el espacio que habita. Este espacio, tiene un impacto en como percibimos las cosas, no necesariamente en como las hacemos. Harrison no necesitaba una nueva biblioteca para leer, sin embargo su nueva biblioteca, le dio también la oportunidad de pensar, más allá de leer. Para comer, lo ideal es tener una silla, una mesa, los utensilios, y claro, los alimentos… No necesitamos más, para cumplir con lo básico de la actividad, pero eso, si acaso, es tan solo el primer escalafón de nuestras necesidades (Maslow)… Pero si uno quiere que el tiempo que uno usa tomando los alimentos sea trascendente, se ocupan más cosas: luz, temperatura, sonido, ventilación, confort, etc.
Nuestra actividad comercial ha sido de alguna manera minimizada por 2 aspectos principales… el primero es pensar que todo mundo lo puede hacer (o por lo menos a la primera… pues si bien todo mundo podría, es un ejercicio que requiere practica). El segundo es el olvido que estamos
sufriendo de lo que es importante y duradero. Entre más nos hemos convertido en una sociedad consumista, cada vez compramos más razonando menos. ¿Cuantas sillas de comedor necesitaras en tu vida? Seguramente muy pocas. Creemos que eso debería dar más espacio a permitirte pensar cual sería la indicada para ti.
Recinto H (y ACHE), se trata justo de esto. Ayudamos a los clientes primero en pensar en sus necesidades, al contrario de apurarlos a una compra rápida. Es verdad, en muchas ocasiones hasta hemos espantado a clientes con el resultado que no nos compren nada. Pero eso también está bien. Buscamos que los clientes estén convencidos. El cliente no necesita una compra rápida para reemplazarla más tarde (provocando la eterna pelea entre – en sus más frecuentes casos- marido y mujer donde uno argumenta “pues ya lo tenemos, ahora lo usamos” ante la usual respuesta “pero ya no me gusta”. Eterna discusión sin una solución en vista, a menos que los interlocutores en cuestión se pongan de acuerdo desde un principio.
En Recinto H (Ache) Te preguntaremos como vives (que es importante para todos quienes habitan un espacio) y que quieres (que mueve tu intención de compra), y sin duda alguna, buscaremos adoctrinarte… el diseño tiene que ser funcional, el arte tiene que ser una representación de tu presente y el resultado tiene que ser un statement de tu ser actual para legar a tu futuro.


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